Trabaja al amanecer, cuando el pueblo respira silencio. Selecciona abeto de altitud y arce tranquilo, escucha su resonancia, hace plantillas heredadas, prueba barnices que huelen a miel. No busca fama; busca que cada instrumento abrace manos diferentes y encuentre música amable en salas pequeñas y plazas soleadas.
Amasa arcilla junto al río Drava y deja que la corriente dicte esmaltes fluidos, azules profundos y grises plomizos. Cada colección nace de caminar puentes, observar luces de invierno, registrar huellas de aves. Sus tazas acompañan conversaciones lentas, abrigando dedos, y recuerdan que beber agua puede ser un acto hermoso.
Entre praderas florecidas pinta paneles de colmenas con escenas vivas, siguiendo una costumbre que convierte trabajo en galería al aire libre. Su miel cristaliza estaciones, y la cera alimenta velas, ungüentos y sellos. Enseña a niñas y niños a acercarse sin miedo, respirando, oyendo el zumbido como lección de respeto.
All Rights Reserved.